A menudo me encuentro por las redes sociales controversia acerca de si es imprescindible saber leer y escribir partituras para ser baterista. Y no solo en las redes: en todos estos años dando clases, he visto que hay mucho miedo a las partituras y que mucha gente se aleja del instrumento por ese motivo. Me he encontrado con frases como "quiero aprender batería, pero no quiero aprender lenguaje musical", "a mi hijo le gusta mucho tocar, pero no quiere estudiar solfeo" y muchas otras del estilo.
Evidentemente, podemos tocar de oído sin necesidad de saber reflejar lo tocado en un papel. Podemos aprender ritmos e imitar lo que escuchamos y conseguir igualmente tocar muy muy bien. Así que sí: es posible tocar sin aprender a leer y a escribir.
Ahora bien, la música es como cualquier otro lenguaje. Igual que aprendemos a hablar cuando somos pequeños imitando lo que escuchamos, poco a poco aprendemos también a leer, a escribir y a dominar cada vez mejor el arte del lenguaje para comunicarnos.
Esto no es una ciencia exacta. En la música hay tantos caminos como bateristas. Cada uno tiene que saber qué camino quiere tomar y hasta dónde está dispuesto a llegar. Puede que tu camino sea tocar por diversión y que no quieras saber nada de la notación musical. Aunque mi criterio es otro.
En las próximas líneas voy a intentar explicar por qué considero que, a pesar de no ser imprescindible, es muy conveniente saber hacerlo y cómo, a nivel profesional, te abre infinidad de puertas laborales.
Si tu camino en la música va orientado a profesionalizarte, ya te adelanto que leer partituras será uno de los pilares de tu trabajo, o al menos te facilitará infinitamente la vida profesional. Pero incluso desde un punto de vista amateur y con una visión del instrumento puramente lúdica, a mi juicio merece la pena aprender a leer partituras.
Si tienes un buen profesor que te enseñe a relacionar los ritmos que estás aprendiendo con los símbolos que los reflejan sobre un papel desde el principio, lo asimilarás en paralelo a tu aprendizaje más físico sin apenas darte cuenta y estarás multiplicando tu potencial desde el minuto uno. Sería difícil contar la cantidad de veces que he visto rechazo en mis alumnos a enfrentarse a una partitura, y a las pocas semanas, de manera inconsciente, estaban tan acostumbrados a tocar leyendo que teníamos que ponernos a trabajar justo en lo contrario: ser capaces de tocar sin estar constantemente leyendo el papel. Ahí está la clave: saber leer no implica que tengas que tocar todo el rato leyendo. De hecho, es igual de importante una cosa que la otra.
El ejemplo más claro, si eres alguien que toca por pura diversión, para mí está en que hoy día internet está plagado de transcripciones de tus canciones favoritas que estás deseando tocar. ¿Te imaginas poder leerlas tú solo en casa? ¿Imaginas poder sentarte de inmediato a tocar porque entiendes lo que está escrito? Saber leer te ahorra camino y te permite centrarte y ponerte a practicar mucho más rápido, incluso permitiéndote no tener que memorizar absolutamente todo. En esta vida frenética en la que conseguir tiempo para practicar puede ser una tarea imposible, saber leer te ayudará a focalizarte y a aprovechar el tiempo tocando muchísimo más. Sumando además la satisfacción personal que implica conseguir algo aparentemente tan complicado como leer música.
Si hablamos de un plano más profesional, saber leer va a marcar la diferencia para conseguir ciertos trabajos. Cualquier músico que se esté preparando para la vida profesional creo que debería prestar atención a la lectura.
Imagina la siguiente situación, muy común en el mundo profesional. Te llega una sustitución para hacer mañana. Pongamos que te ofrecen un buen caché y que además los músicos con los que vas a tocar son buenos y tienen bastante trabajo. Es una gran oportunidad. La banda que te ofrece el trabajo tiene escritas las partituras de las canciones, pero tú no sabes leer. Seguramente no puedas aceptar el trabajo porque no tengas tiempo físico de aprenderte de memoria todas las canciones. Ahora, si sabes leer, solo tienes que sentarte en la batería con las partituras delante y ponerte a tocar siguiéndolas. Seguramente tengas que prestar atención a ciertos pasajes conflictivos, pero te ahorrarás bastante porcentaje del trabajo que harías en otras condiciones. Y solucionar este tipo de "marrones de última hora" te convierte automáticamente en un batería que resuelve en tiempo récord, situándote así en la lista de contactos de otros músicos que muy probablemente querrán volver a contar contigo.
Se me ocurren un montón más de ejemplos y anécdotas personales que reflejan la importancia de saber leer. Pero, para no aburrirte, te lo contaré en alguno de los próximos posts.

